Publicado el 16/05/2025 por Administrador
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El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a colocar a Apple en el centro del debate económico global. Durante una intervención reciente, el exmandatario lanzó duras críticas contra Tim Cook, CEO de la compañía, por la creciente expansión de la producción de iPhones en India. Trump exigió que Apple traslade su cadena de ensamblaje nuevamente a territorio estadounidense, alegando que una empresa que "se ha beneficiado enormemente de políticas favorables" debería devolverle algo al país.
“Tim, ustedes tienen el apoyo del gobierno de Estados Unidos, pero eso no significa que deban fortalecer la economía de otros países. Queremos que fabriquen aquí, no en India”, declaró Trump ante una audiencia empresarial, en un tono que recordó sus políticas proteccionistas durante su mandato.
Las declaraciones se producen en un momento clave: Apple ha intensificado su apuesta por India como centro de producción, donde ya se ensamblan cerca de 40 millones de unidades al año, lo que representa un 20% de su producción global. La empresa tecnológica ha encontrado en el país asiático un ecosistema favorable, con mano de obra capacitada, costos competitivos y un gobierno que ofrece generosos incentivos fiscales para atraer inversiones.
Sin embargo, para Trump y sus simpatizantes, esta estrategia representa una pérdida de oportunidades para la economía norteamericana. El republicano sostiene que trasladar parte de la producción a Estados Unidos no solo generaría miles de empleos, sino que también fortalecería la soberanía económica frente a rivales geopolíticos.
Desde Cupertino, fuentes cercanas a Apple han respondido con cautela. La compañía, sin emitir un pronunciamiento oficial, ha reiterado su compromiso con una cadena de suministro diversificada, alegando que su expansión fuera de China busca no solo eficiencia, sino también estabilidad ante tensiones comerciales. Además, trasladar la producción a Estados Unidos podría elevar el costo de los dispositivos a niveles inasumibles para el consumidor promedio, con estimaciones que colocan el precio de un iPhone fabricado en EE. UU. en más de $3.000.
Expertos en economía internacional coinciden en que la globalización ha transformado radicalmente la manufactura, y que decisiones de esta naturaleza no pueden juzgarse únicamente por criterios políticos. “El ensamblaje de alta tecnología ya no depende de un solo país. Apple busca sobrevivir en un mercado ultra competitivo, y diversificar su producción es parte de esa estrategia”, indicó el analista financiero Brad Monroe.
Esta no es la primera vez que Trump choca con gigantes tecnológicos por su modelo de producción global. Durante su presidencia, ya había presionado a compañías como Ford y General Motors para frenar sus inversiones en México, amenazando incluso con imponer aranceles. Ahora, con miras a una nueva candidatura presidencial, el empresario neoyorquino vuelve a tocar las fibras del nacionalismo económico.
Mientras tanto, Apple sigue firme en su apuesta por India y Vietnam, países que se han convertido en piezas clave para evitar la dependencia casi total de China. El debate entre eficiencia global y compromiso nacional vuelve al centro de la escena, con el iPhone como protagonista inesperado.