Bruselas concede el estatus de candidato de la Unión Europea a Ucrania y Moldavia

«Gracias a los presidentes Michel y Von der Leyen y a los líderes europeos por su apoyo, el futuro de Ucrania está en la UE», celebra Zelenski Leer

Bruselas concede el estatus de candidato de la Unión Europea a Ucrania y Moldavia

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Ucrania y Moldavia son, desde este jueves, candidatas oficiales para entrar en la Unión Europea. Los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 así lo han decidido en el último Consejo Europeo antes del verano, una cumbre que ha quedado marcada, empañada, por el enfado y las quejas de los socios balcánicos, muy molestos por lo que consideran discriminación y dobles estándares. La UE quería que esto fuera una fiesta, la celebración de un mensaje político y un símbolo de unidad y solidaridad ante la agresión rusa, pero la jornada ha quedado definida por la impotencia y la insatisfacción.

«Acuerdo, el Consejo Europeo acaba de pronunciarse sobre el estatus de candidatos de Ucrania y Moldavia. Un momento histórico. El día de hoy marca un paso crucial en su camino hacia la UE. Felicidades Volodimir Zelenski y Maia Sandu y al pueblo de Ucrania y Moldavia, nuestro futuro es juntos», ha celebrado a las 20.20 el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. «Hoy es un buen día para Europa, felicidades presidentes Zelenski y Sandu y primer ministro Gharibashvili», se ha sumado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, citando también al líder georgiano. El país no logra el estatus de candidato, pero sí la «perspectiva europea», un paso previo a falta de que cumpla todas las condiciones necesarias para empezar las negociaciones. «Sus países forman parte de la familia europea y la decisión histórica de los líderes así lo ratifica hoy», ha añadido Von der Leyen.

El proceso ha batido todos los récords en la historia de la UE. Lo habitual, desde que un país solicita su estatus de candidato, es que la evaluación de la Comisión Europea, completamente imprescindible, se demore en torno a un año, pero esta vez se ha resuelto en cuestión de semanas y en medio de una guerra. Bruselas defiende que ha mantenido todos los estándares, que los controles han sido igual de exhaustivos que siempre pese a las circunstancias, pero la sensación unánime en todas las capitales es que estamos ante algo completamente anormal. Que quizás era la mejor opción, o la única, pero que no es en absoluto ‘business as usual’.

«Damos la más sincera acogida a la decisión de los líderes de la UE de otorgar el estados de candidato a nuestro país. Es un momento único e histórico en las relaciones. Gracias a los presidentes Michel y Von der Leyen y a los líderes europeos por su apoyo, el futuro de Ucrania está en la UE», ha celebrado Zelenski, que desde hace meses ha usado toda la diplomacia a su disposición, pública y privada, para llegar a este punto, ligando su destino al de sus vecinos del oeste. Nada más conocerse la decisión, el líder ucraniano se ha conectado por videoconferencia para dar las gracias en persona, pero también para seguir reclamando el respaldo, la ayuda económica y la presión sobre Moscú.

La decisión, en realidad, cambia poco o nada la situación de los aspirantes en la práctica pero lo cambia todo sobre el proceso y la filosofía que subyace. Las negociaciones de adhesión puedan durar cinco, 10, 15 años o más y no hay ninguna garantía de éxito. El caso turco es el mejor ejemplo. Ucrania no está preparada y no lo va a estar pronto, y no hay ninguna duda al respecto. Por eso mismo había diferentes Estados Miembros que no eran partidarios de llegar a este punto, no tan pronto al menos, pero la presión de la mayoría, de las circunstancias, se ha impuesto. No aceptar hubiera enviado un mensaje de división, de dudas, y la UE si algo busca desde el 24 de febrero es ir de la mano a todas partes en esta cuestión.

«Es un momento que marcará el futuro. Esto marca la senda y es un momento de gran satisfacción, estoy muy feliz. No hay mejor señal de esperanza para los ciudadanos en estos tiempos difíciles», ha explicado Von der Leyen al terminar el encuentro. «Los tres tendrán que hacer deberes para seguir adelante con los próximos pasos pero estoy convencida de que se moverán lo más rápido posible para hacer las reformas. No porque sea necesario, sino sobre todo porque son buenas para los países, para su democracia, mejorará su competitividad y beneficiará a los ciudadanos. Estoy firmemente convencida de que la decisión nos refuerza a todos; a ellos ante la agresión rusa y a la UE, que muestra una vez más al mundo que está unida y fuerte ante amenazas exteriores», ha añadido la alemana. «Se lo debemos porque están combatiendo por nuestros valores», ha afirmado Emmanuel Macron. «Será un largo viaje, pero les ayudaremos».

Sin embargo, la decisión de hoy sí es un antes y un después en la historia de la ampliación y la relación con las zonas más delicadas del continente. Desde la entrada de Croacia las puertas han estado cerradas y no había ningún apetito para ir más allá. Todo han sido trabas para los que, como Macedonia del Norte o Albania llevan una o dos décadas esperando. O para Serbia, Bosnia o Kosovo que siguen aguardado su turno, a mucha más distancia. Con Ucrania y Moldavia, la UE ha sentado un precedente y ha admitido que su sistema no funciona como debería. Las quejas de los balcánicos no han sido escuchadas hasta ahora, pero la conclusión en Bruselas de las últimas semanas es que hay que agilizar el mecanismo y ofrecer algo más, mucho más, a quienes pacientemente esperan. Porque la alternativa no es sólo frustración, rabia, sino que pueden acabar en las órbitas de Rusia o Ucrania.

El objetivo ahora, urgente, es aprovechar esta energía para desbloquear la espera de Albania y Macedonia en las próximas semanas, cuando el caos político búlgaro se estabilice, e intentar que para octubre la Comisión tenga terminado un informe completo sobre Bosnia que permita también dar ese estatus de candidata para sentarse a negociar punto por punto. Más en unos meses que en los tres lustros anteriores.

La jornada, pese al ‘final feliz’, estuvo marcada por la rabia e impotencia de los balcánicos, que monopolizaron la conversación de la mañana. Sus críticas fueron escuchadas, y los 27 han acordado profundizar en conceptos como el de una Comunidad Política Europea para acercar mucho más hacia la integración a los candidatos y aspirantes a candidatos. Albania, Macedonia e incluso Serbia han arremetido en la sala contra las «promesas vacías», con los bloqueos por cuestiones bilaterales (como el de Bulgaria, que veta a Macedonia del Norte por una disputa sobre su idioma y la definición histórica de identidad nacional) y la falta de voluntad para ir más allá.

La bronca fue extraordinaria en su fondo y sus formas, críticas durísimas, que forzaron a la UE a asumir el error, pedir disculpas y asumir que tendrá que modernizar y adaptar al siglo XXI y las circunstancias geopolíticas sus métodos. «Pertenecemos a la misma familia, al mismo edificio, a la misma habitación», prometió Macron después de que el primer ministro albanés les espetará la frustración por ser ciudadanos de segunda en el continente, vecinos con los que nadie quiere compartir los mismos espacios. Por eso, tras el tirón de orejas, los 27 dedicaron la tarde a reflexionar en grupo sobre las debilidades y los próximos pasos. No hay una hoja de ruta definida, pero hay propuestas sobre la mesa y sobre todo la sensación de que la fórmula de la última década, tender la mano pero cerrar con triple llave, ya no es suficiente. Ya no es tolerable. Ya no es aconsejable.

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